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El personaje

La hazaña de Guaidó y el caminito jurídico «vuelven el alma al cuerpo» a Venezuela

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Para zafarse del infierno de la revolución bolivariana, Venezuela intentó de todo por la vía constitucional a lo largo de veinte años. Y no lo logró hasta hace un par de días cuando en un cabildo abierto en las calles de Caracas, el presidente de la Asamblea Nacional Legislativa Juan Guaidó, frente a una multitud, que lo arropaba y aclamaba, con la esperanza encendida en las pupilas, juró como presidente encargado de Venezuela.

Fue una hazaña con Guaidó como protagonista que usó un caminito jurídico diseñado constitucionalmente  para servir como salida perfecta a tanto enredo.

Fue suficiente. A ese pueblo se le vino el alma al cuerpo. Era el momento que había esperado durante años. Pero que nunca llegaba. El júbilo fue total. El líder para «salvar» a la gente había llegado de sorpresa. Y estaba ahí con la fuerza de su juventud, puño en alto, y rostro sereno, conectándose con el ciudadano.

Que si fue o es legal/legítima la juramentación de Guaidó? Si, lo es. Y veamos por qué. Nicolás Maduro en 2018 recurrió a un arsenal de armas políticas tenebrosas y deshonestas para eliminar a sus eventuales adversarios en las elecciones generales de mayo de ese año. Y lo consiguió. Nadie se presentó en semejante escenario electoral oscuro  adverso y fraudulento.  Sólo estuvo él y claro que ganó a su manera, atropellando lo último que quedaba de institucionalidad democrática.

Pero no hay crímen perfecto. La comunidad internacional observó la falta de transparencia y el quiebre del orden democrático en esas elecciones a las que calificó de fraudulentas, exhortando a convocar a otros comicios que cumplan las reglas básicas de la democracia.

Maduro hizo oídos sordos olvidándose que al no ser reconocidas como válidas esas elecciones, se producía un vacío de poder ante la inexistencia de un nuevo presidente legal y legítimo. El ya no lo era desde el 10 de enero de 2019 en el que se cumplía su mandato.

Y la Constitución Bolivariana de Venezuela de 1999 establece que ese vacío de poder debe ser llenado por la autoridad legítima inmediata en  consulta con el pueblo a través de mecanismos democráticos, el Cabildo es uno de ellos, para delegar el mando a la instancia inmediata y facultada para aquello, como es en este caso, la Asamblea Nacional Legislativa en la persona de su presidente Juan Guaidó. Y eso fue lo que sucedió. Más legal y constitucional, imposible.

Ya Maduro estaba fuera de juego. Desde aquel momento del 23 de enero, pasó a ser presidente de facto. Así de simple. Por eso le refriegan en su cara que es usurpador de funciones. Y el pueblo rompe el miedo gritándole «Y va caer…y va caer». Algo imposible hasta hace algunos días por el temor a ser asesinado en grupo.

Es necesario mencionar que Maduro el 10 de enero, casi en solitario, fue posesionado como presidente por la Asamblea Constituyente y no así por la Asamblea Legislativa como lo manda la Constitución Bolivariana.

¿Por qué ocurrió esto? Sencillamente porque la Asamblea Legislativa, de mayoría opositora, que emergió de elecciones democráticas realizadas el año 2015, fue vetada ilegalmente y desconocida de un plumazo por Nicolás Maduro . En su lugar, creó  al dedo una Asamblea Constituyente que satisface toda su angurria desmedida de poder.

Pero la Asamblea Legislativa  que emerge de la voluntad popular, no puede dejar de existir por el capricho antojadizo de una persona, así sea el presidente, y así lo demostró en una circunstancia crucial para reponer el  vacío de poder y el orden constitucional.

Recordemos que el Grupo de Lima fue el primero en alzar la voz de protesta por el quiebre democrático en Venezuela tras las elecciones fraudulentas, luego lo haría la Unión Europea y ayer la OEA.

Con esa advertencia, Maduro se juramentó. Parecía inamovible hasta que Guaidó le demostró que la Asamblea no estaba muerta y tenía la salida jurídica idónea para acabar con sus imposturas y bravuconadas inconstitucionales. Lo dejó en «off side» al escogido del comandante Hugo Chávez.

El reconocimiento de Guaidó, un discípulo del líder opositor Leopoldo López que lleva años encarcelado, no se dejó esperar por muchos países del mundo entero. Primero lo hizo Estados Unidos y después muchos otros de América Latina a excepción de México, Nicaragua, Bolivia, Cuba y Uruguay. Y de Europa y Asia a excepción de China, Rusia, Irán, Turquía y otros.

Como quiera que el poder constitucional lo ostenta Guaidó y el de facto Maduro. Hay dos presidentes en Venezuela, que corren en paralelas que por ahora no se juntan ni se reconocen como tal.

Habrá que ver la pronta conformación y gestión de una comisión internacional negociadora para que Venezuela pueda restaurar su democracia por la vía pacífica y sin derramamiento de sangre.

Para ello, Maduro debe apartarse del  camino que está ahora pavimentado jurídicsmente para Guaidó y permitir que éste en su condición de presidente interino convoque en el menor tiempo posible a elecciones generales libres y democráticas. El peor escenario sería la guerra civil que esperamos no se presente bajo ninguna circunstancia.

Venezuela necesita salir del infierno de Maduro que ha dejado al país caribeño en escombros. De hecho, allá se vive además de una crisis política, una indigna crisis humanitaria. No hay alimentos ni medicina. No hay nada más allá del hambre y la muerte.

La corrupción del Gobierno es abrumadora. Tanto es así que ha dejado en harapos a Venezuela con una inflación galopante y el éxodo de 3 millones de ciudadanos que viven en el exilio.

Petróleos de Venezuela, la empresa petrolera otrora poderosa de ese país, está saqueada por el Gobierno y en franca decadencia. De los 3 millones de litros de petróleo que exportaba al día, apenas exporta 1 millón al día actualmente.

Nicolás Maduro ha sido el peor terremoto y huracán para Venezuela. Arrasó todo y dejó desnudo a su pueblo.

Con esos antecedentes, si hay una libre determinación del pueblo, esa es la de Venezuela para liberarse del agresor y destructor de la vida y los derechos humanos.

Increíble. Pasaron 20 años desde que el desaparecido comandante izquierdista Hugo Chávez Frías encandilara por completo a los venezolanos, entonces decepcionados de los abusos corruptos de los gobiernos de derecha.

Jamás aquellos ciudadanos pensaron que el remedio sería peor que la enfermedad. Casi un castigo divino. Hoy comienzan a escribir la página de una nueva historia. Ojalá sea en paz y tenga un final felíz. Se lo merecen.

Elenir Centenaro.

1 Comment

1 Comment

  1. Fanny Jiménez

    25 enero, 2019 at 8:02 am

    El mejor artículo que he leído hace una relación del pasado y del presente de la situación de Venezuela.
    Un día histórico y se perfila una esperanza para BOLIVIA
    LA NOVELA DE TERROR LA ESTAMOS VIVIENDO LOS
    BOLIVIANOS
    Y QUE ESTO SIRVA PARA QUE HABRÁN LOS OJOS Y LOS OÍDOS LA OPOSICIÓN Y ENTIENDA EL OBJETIVO DEL PUEBLO BOLIVIANO ES RECUPERAR ESTADO DE DERECHO LA UNIDAD ES NUESTRA FUERZA.

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