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UN CRIMEN DE ODIO

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Hasta ahora no he podido ver el video entero que refleja la brutalidad del asesinato del afroamericano George Floyd en manos del ex policía Derek Chauvin y sus cómplices en Minneapolis, Minnesota hace nueve días.
Es demasiado fuerte y conmovedor para cualquier humano que sienta en sus carnes y en sus huesos la injusticia.
Tuve mi duelo íntimo. Lloré, zapateé y me tapé los ojos cada vez que mi hijo quiso mostrarme el video.
George Floyd fue estigmatizado por el ex policía blanco tan solo por su color de piel porque en ningún momento se resistió a su aprehensión. Chauvin descargó todo su odio aprisionándole el cuello con su grotesca rodilla hasta dejarlo sin aliento. Fueron ocho minutos de infierno y de dolor indescriptible los que sufrió Floyd, aunque los últimos cuatro ya no los sintió porque estaba inconsciente…muerto como un perro al que degollan por maldad.
Escucharlo clamando desesperado a su agresor con su voz aprisionada: “no puedo respirar” y luego “mama …mamá”, es desgarradoramente indescriptible. Pareciera una película de terror pero es real en el país más desarrollado del mundo como lo es Estados Unidos donde la vida, la lucha y el mensaje de Martín Lutter King, en la década de los sesenta, no ha sido suficiente para acabar con la discriminación entre negros y blancos. Las relaciones interraciales son cuatro décadas después una asignatura pendiente para resolver pacíficamente con amor y justicia.
El asesinato de Floyd iba a quedar como un hecho más de repudio y vergüenza. Pero la gente desde las redes sociales, en plena era digital que convierte al mundo en una aldea por la velocidad con la que viaja la noticia, se llenó de coraje.
Se empoderó y salió abrumadoramente a las calles a protestar y sacar la rabia e impotencia que llevaba dentro ante semejante exabrupto.
Movilizaciones pacíficas salpicadas de violencia y asaltos a la propiedad privada se mezclan hasta hoy, explosivamente, y durante más de una semana desde la consumación del hecho, en más de cuarenta ciudades de Estados Unidos.
Ni las amenazas del presidente Donald Trump de sacar a los militares a las calles para frenar las movilizaciones y sus excesos, ha tenido eco entre la gente que piensa que llegó la hora de hacer sentir su voz y buscar un cambio positivo en las relaciones interraciales.
El movimiento puede saltar las fronteras de Estados Unidos y posicionarse en el mundo entero en busca de poner punto final al racismo y su discriminación. Por ahora es un sueño. Pero no imposible de alcanzar. Entonces la muerte del héroe afroestadounidense George Floyd no habrá sido en vano. Paz en su tumba.

Elenir Centenaro para Eiinews.com

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