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Se fue Gastón Requena Costas, el amigo, el periodista y el maestro

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El destino rompió la luz que filtraba sobre aquella mente brillante, crítica y provocadora para contar la noticia, colocarla en el asador y desmenusarla suavemente frente a los ojos impávidos del lector.

Marzo llegó con malas noticias para el periodismo cruceño. Gastón Requena Costas, se marchó en los albores de este tercer mes del año 2019. Un accidente de tránsito fatídico lo privó de su vida y a nosotros de su compañía como buen amigo, colega y maestro.

El periodismo lo atrapó desde su adolescencia y como varios de nosotros, nunca ejerció la abogacía porque aquella pasión estaba primero y no admitía otros oficios advenedizos que rompieran el compromiso con el código de honor de la noticia y el lector.

Más de 60 años de periodismo es una existencia entera, fecunda y satisfecha. Él vivió para contar y escudriñar la noticia que se escribe en la cotianeidad de un país, de un Estado y su sociedad . Gastón entrevistó a la historia en su día a dia, le tomó el pulso y le puso título.

Cómo olvidar sus locuras cuando sorprendía a la sala de redacción vistiendo la chompa rosada de su hija, o calzando los zapatos al revés y las medias de diferentes colores. O cuando olvidaba su vehículo en algún lugar y llegaba a la redacción en taxi (esta vez el taxi no lo salvó).

Era un personaje con una genialidad y ocurrencia extraordinarias. Pocos lo valoraron en su cabal dimensión. Formó varias generaciones de periodistas de primera línea .

Así como irrumpía de pronto en la redacción (con su gorra y un palito aromático apretado entre los dientes que reemplazó su largo idilio con el cigarillo), así también se fue. Por eso, la noticia de su muerte fue un golpe seco. De esos que te dejan sin aliento.

Hace una semana, en mi lejanía de Bolivia, hice un recuento de cómo aprendí a escribir editoriales y los recuerdos cayeron como chorros de agua fresca.

En medio de aquel ambiente bucólico, que me rodeaba por el silencio y la ausencia de la tierra camba, aterrizó imaginariamente su figura y su voz enseñándome a narrar sin medias tintas ni ambajes. De frente, porque «el periodismo no es apto para miedosos ni para cínicos», solía mencionar. Yo pienso igual.

Los diez años que compartí con él en la sala de redacción del Diario El Mundo, fueron la génesis de mi largo e interminable romance con el periodismo que se convirtió en mi calle y mi hogar cuando fue necesario. Como lo fue de él en interminables jornadas y de tantos colegas que abrazan esta profesión.

Sin Gastón no hubiera podido crecer como periodista. «Lea todo lo que encuentre a su paso, no importa si es la Revista de Pato Donald, léala igual y siga adelante, sino nunca podrá escribir bien», decía.

«El periodismo no tiene sexo. Usted salga con su libreta, su bolígrafo y su personalidad firme. Pregunte sin miedo. Sea inquisidora. No se acompleje ni se arrugue. Interpele al poder. No confíe del todo en su fuente. Contraste la información.Tenga sana curiosidad y relate todo lo que vea. Desarrolle su sentido crítico». Esos consejos suyos me acompañan hasta hoy.

«Un periodista debe saltar el charco, cruzar el Atlántico y absorber otras culturas porque además de leer, debe viajar y descubrir lo que existe más allá», recomendaba.

«¿Quién dijo que con el periodismo uno se hace rico? Este es un oficio para servir y los que lucran con este oficio serán todo menos periodistas», manifestaba.

Hoy me enteré por mi amigo y colega Marco Montero que su compañera de toda la vida también había muerto hace casi un año atrás en circunstancias igualmente trágicas. Hoy el destino los unió.

También me enteré que uno de sus sueños que no pudo concretar fue viajar liviano como mochilero en compañía de su perro y de sus libros en lo que invertía buena parte de su dinero.

Tal vez añoraba los tiempos de reportero raso cuando viajaba a pie o a caballo en busca del mítico Ernesto Che Guevara, registrando notas para su Diario, La Crónica, desde las verdes montañas valegrandinas y sus rutas sinuosas tan parecidas a su Samaipata natal.

Tal vez extrañaba la bilirrubina del oficio que lo llevaba a esconderse debajo de la cama de los dueños de la casa donde funcionaba el Diario La Crónica cada vez que los militares, que se turnaban para hacer golpes de Estado en Bolivia en la década del setenta y ochenta, iban por él para torturarlo y meterlo tras las rejas por ser un «periodista revoltoso» que usaba la pluma para denunciar las atrocidades dictatoriales de los uniformados.

 

En las  últimas dos décadas de su vida periodística, se desempeñó como asesor y miembro del cuerpo editorial de la Red Uno, trabajo que ejercía con responsabilidad, compromiso y con un gusto especial pues fue un amigo cercano de Ivo Kuljis, Justo Yépez, Luís Perrogón, Chacho Banegas y el fallecido Hugo Paz Méndez, todos ellos, pioneros del Diario El Mundo y de la Red Uno, que hicieron crecer y florecer Santa Cruz.

Esta fue la última fotografía que nos tomamos en Red Uno con Gastón Requena Costas y Marcos Montero en mayo de 2016. En esa oportunidad repasamos la vida entera. Pero un año después nos reunimos los dos en un snack ubicado al lado de la estación televisiva y nos tomamos un buen café con cuñapé.

Quedaron pendientes en el tintero otros encuentros con café con leche que ya no se darán nunca más. Gastón se fue inesperadamente. Me despido desde aquí, desde lejos, con un hasta siempre.

Mis pésames a Liliana, Mauricio, Luís Fernando y a todos sus hijos y descendencia que sin duda conservarán su valioso legado como lo haremos nosotros.

Elenir Centenaro.

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