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Rubén Darío Méndez, el periodista que murió sin que le presten auxilio

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Estos son tiempos difíciles. Se asemejan a una lluvia helada de 40 días y 40 noches sin más sonido que la letanía interminable del silencio y la angustia. Una lluvia imaginaria que se ve caer por la ventana mientras el
mundo está encerrado en casa, emocionalmente abatido, por la pandemia del Covid-19 que tan solo en Estados Unidos ha provocado más de 100 mil decesos en pocos meses, mientras en Bolivia la cifra se acerca a las 200 víctimas.
El invierno completa el cuadro de agonía. La primavera parece inalcanzable. La muerte anda en sus anchas con su bata negra. Visita los hogares y ronda las calles, las clínicas y los hospitales destartalados donde no hay las condiciones sanitarias, técnicas ni profesionales necesarias para enfrentar la hecatombe infernal y donde a veces sobresale la insensibilidad humana y profesional para atender los casos positivos de pacientes que llegan en estado grave implorando por atención médica. Estos mercaderes de la medicina, prefieren “dejarlos ir al otro lado” a los pacientes sin hacer el mas mínimo esfuerzo por salvarles la vida.
Sobran los ejemplos y el más reciente es el del periodista beniano-cruceño Rubén Dario Méndez Chávez, quien murió desesperado, como un náufrago que sucumbe afligido en medio del mar turbulento. Murió en los brazos de su hijo, un estudiante de medicina, luego de que una clínica privada, “Grumedso”, de esas que aparecen como hongos en Santa Cruz, y de esas que se auto proclaman solidarias, se negó a prestarle auxilio al verlo temblando de fiebre, con la garganta tapada y con escasa posibilidad de respirar por sí solo para ventilar y oxigenar sus pulmones.
Despiadados, indignos e inhumanos fueron aquellos médicos y enfermeras que le cerraron la puerta en la nariz al colega periodista. Se negaron a prestarle pronto socorro. Omitieron el auxilio oportuno a un enfermo terminal. Por lo tanto merecen ser apuntados y castigados moralmente por la opinión pública. Y hasta demandados por la vía ordinaria si amerita el caso por omisión de socorro.
Hoy el colega bonachón de pelo rubio, y de sonrisa ancha, al que confundían con un gringo, se fue impotente con el pecho apretado y sobresaltado sin poder contar la noticia de su recuperación porque el pésimo sistema de salud boliviano le impidió la posibilidad de vivir.
Ni siquiera el famoso Centro de Operaciones de Emergencia Departamental respondió a su llamada desesperada de emergencia. Tampoco el SEDES acudió a su clamor para obtener la prueba del coronavirus . Pareciera que se reducen a meras organizaciones públicas de propaganda que tarde, mal o nunca llegan donde se los necesita oportunamente. Y si no se tienen los recursos suficientes, la cosa es peor. Pareciera que espían y hacen una radiografía hasta del bolsillo y la filiación política o empresarial.
El “choco”, como le llamaban de cariño al guapo periodista, cubrió muchas veces las noticias de la Gobernación y la Alcaldía de Santa Cruz, así como del SEDES. Esas noticias que muchas veces solo buscan ensalzar a sus autoridades.
El jamás habría pensado que en la hora de su muerte le darían la espalda. Pero así fue. Desahuciado tuvo que marcharse a la otra orilla y hoy el gremio llora su partida. Pareciera que los periodistas valen menos que nada. Corretean todos los días de aquí para allá. Gastan sus zapatos y su cerebro escribiendo noticias. Duermen poco, ganan poco y trabajan mucho. No cuentan con seguro de salud. Y cuando no escriben como les hubiera gustado a los vanidosos entrevistados sean políticos o particulares, ahí nomás le buscan militancia partidaria y lo desprestigian sin saber qué tan dura es su tarea para contar historias de forma imparcial.
Los productores de los valles, los municipios del Beni y Santa Cruz extrañarán su publicación llamada “Buenos Negocios” donde contaba las historias de esfuerzo y superación de sus líderes y productores.
Trabajador y emprendedor incansable. Así era el periodista Méndez que llegó a ser dirigente de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz y de la Federación Sindical de Trabajadores de la Prensa. Comenzó como periodista de radio y luego de periódicos. Y finalmente realizó emprendimientos por cuenta propia recorriendo el país y sus municipios. Paz en su tumba.

Elenir Centenaro para
Eiinews.com

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