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Periodismo versus Narcotráfico y otros cómplices afines

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Mucho se habla en estos últimos tiempos sobre la creciente espiral del negocio del narcotráfico y sus potentes nexos con el poder político, empresarial, judicial y policial en Bolivia, así como los esfuerzos que realiza el periodismo independiente, y las amenazas que recibe para investigar y esclarecer casos vinculados a la exportación de cocaína a diversos mercados por parte de capos vinculados a estas operaciones ilícitas encubiertas que recorren rutas sinuosas hasta llegar a su oscuro destino.

El tráfico de cocaína se ha blanqueado en los últimos años con la venia de autoridades de diversos estamentos institucionales que arropan a los capos como si fuesen guardaespaldas, mercenarios o matones.

Esta actividad  “ilícita” genera anualmente cientos y cientos de millones de dólares a la economía en  Bolivia. Es como una llovizna informal permanente que abona con dinero en efectivo o bienes diversos al mercado nacional.

Bien sabemos que la cocaína tiene como materia prima la hoja de coca que posee su paraíso productivo en el corazón del trópico cochabambino, con epicentro en Chapare y Chimoré.

Esas zonas tienen los cultivos de cocales preferidos por los narcotraficantes para la elaboración de ladrillos de pasta base de cocaína y cocaína en polvo altamente cotizados en el exterior.

Si una libra de coca vale 50 bolivianos en el mercado boliviano, una libra de cocaína puede costar 5 mil dólares en países fronterizos  y triplicar su valor en mercados europeos o estadounidenses.

El dinero que genera esta actividad es descomunal. De hecho los grupos mafiosos no despachan algunas libras, sino decenas o cientos de toneladas de cocaína en cada operación que realizan.

Demás está decirlo que los capos del narcotráfico no son magos para trasladar las cargas ilícitas en un abrir y cerrar de ojos sin que nadie se de cuenta.

Ellos necesariamente requieren de aliados para concretar exitosamente sus operaciones de acopio y envío de droga a otros eslabones mafiosos en el exterior.

Los intrépidos y astutos comerciantes de cocaína-Pedro Montenegro era uno de ellos-saben cómo introducirse en el mundo del poder social, policial, empresarial y político incluyendo el de la belleza. Tienen sus propios códigos y sus hombres de confianza que actúan como facilitadores de los envíos y llegan a ser indispensables en estas operaciones riesgosas y truculentas.

El Coronel Gonzalo Medina era un hombre de confianza para el poder narcopolítico, pero en algo falló y quedó al descubierto. Y no es que este narcopolicía tuviera una varita mágica para cubrir de todo mal a Montenegro y sus blancas mercancías. De hecho él tenía la protección de mandos políticos superiores y por eso era inamovible del cargo en Santa Cruz de la Sierra.

Medina sabía la vida y milagros de los capos del narcotráfico y los atracadores que de vez en cuando hacían asaltos millonarios para refrescar y oxigenar  la escasez de dinero destinado a la compra de la droga para abastecer pedidos cuantiosos de los carteles de Brasil, Colombia, Panamá e Italia, entre otros países.

Como pruebas están los casos irresueltos de los asaltos a un camión blindado de la empresa Brings  que transportaba millones de dólares que supuestamente fueron “quemados”, desaparecidos es la palabra correcta, y que acabó con el encierro de un brasileño presuntamente inocente.

El asalto a Eurochronos, cuyo rompecabezas lo tiene excelentemente armado y resurlto el equipo jurídico de una excepcional mujer que busca desesperadamente un juicio justo.  Ella es Roxana Torrico, madre de Ana Lorena Tórrez, una joven profesional abatida por los mismos policías en el curso del criminal atraco donde los mafiosos pretendían llevarse maletines de joyas valiosas para trocarlas por droga.

Gonzalo Medina sabe la verdad histórica de estos hechos abominables y debe confesarlos en el curso del proceso judicial. Es una tarea pendiente para el Poder Judicial si quiere limpiar los montones de basura corrupta que estigmatizan su labor.

Una vez ampliada la investigación se sabrá quiénes fueron los que desde arriba del poder político dieron la orden para cometer estas y otras atrocidades de lesa humanidad que la historia del crimen en Santa Cruz no debe sepultar mientras no existan conclusiones claras, justas y verdaderas. Y que los culpables paguen sus penas.

No somos un país clandestino. No somos un país campamento. Somos un país que se rige bajo un ordenamiento jurídico y una estructura políticamente organizada a no ser que el Estado de Derecho ya haya sido cambiado por un Narco Estado donde el gatillo del terror pretenda imponerse.

El caso de Gonzalo Medina ha causado un remezón en la estructura política, judicial y policial de Bolivia. Varias de sus piezas han saltado por estar comprometidas con el ensamblaje del narcotráfico que como dice la canción “es un monstruo grande y pisa fuerte” en Bolivia y todos sus poderes, exceptuando el de la prensa que tiene que lidiar con el dedo amenazante de los que circunstancialmente ostentan el poder político tan efímeros como la vida o el sueño.

Guider Arancibia,como tantos otros colegas de la misma o anterior generación, estábamos cubriendo los sucesos luctuosos de Huanchaca, con el asesinato del científico Noel Kempff Mercado a manos de narcotraficantes, en 1986, donde también estaba comprometido el poder político y policial de entonces, cuando los ahora gobernantes y algunos ministros se rasgaban las vestiduras por el escandaloso caso. En ese entonces eran la reserva moral de la Pachamama y de los derechos humanos, que aplaudían el trabajo de los periodistas. Hoy son lo peor de lo mismo.  El discurso se lo tragaron y se volvieron espantósamente irreconocibles. De izquierda sólo les queda la mano. De paso son los nuevos ultra ricos.

Mientras tanto, los periodistas seguimos siendo los mismos: destapando la podredumbre del narcotráfico, entre tantas oscuridades malignas, para que nuestra sociedad no sea tomada y dominada por el poder de los carteles de la droga. Felicidades Guíder. Sigue adelante con la naríz entintada llamada noticia olfateando entre las pistas de las mafias. Nosotros te respaldaremos de lejos y de cerca. Y Bolivia entera hará lo mismo y te lo agradecerá.

En cuanto al trístemente célebre ex coronel Medina, pasará un tiempo antes de que abra la boca, pero lo hará idefectiblemente cuando se vea peligrosamente amenazado por los mismos que un día lo animaron a seguir en el cargo porque era indispensable en esta riesgosa lid. En ese momento su conciencia no lo dejará dormir con Eurochronos ni con Brings. Pedirá a gritos contar su verdad. Dios quiera sea así para que muchos espíritus se sosieguen y su misma conciencia pueda descansar en paz.

El pez gordo Pedro Montenegro, también hablará más aún si dan vía libre a su extradición a la República Federativa del Brasil, pero para entonces el bastión narcopolítico dirá que las palabras de los reos valen menos que nads.

Estemos atentos y vigilantes. Bolivia no puede morir en manos del narcotráfico, sus capos, sus policías, sus políticos, sus jueces, sus asambleístas, sus magistrados y  demás cómplices de esta lacra criminal.  Si ellos optaron a estos cargos para arropar a los narcos, delinquir y volverse millonarios con el crimen, deberían ser juzgados por traición a la Patria.

Mientras tanto los periodistas seguiremos contando historias para descubrir la verdad de la noticia.

Elenir Centenaro.

 

 

 

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