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La tragedia de Chapecó y la mafia del fútbol sudamericano

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Hay una analogía oscura entre la tragedia del Chapecó y la dirigencia confederada del fútbol sudamericano. Ambas quedaron sollozando en medio de loa fierros retorcidos de  la catástrofe del Rio Negro, en Colombia, donde  las víctimas inocentes golpean la conciencia de los mafiosos que hacen del futbol un negocio para satisfacer sus intereses personales.

La tragedia del Club Brasileño, orgullo y emblema del remoto pueblo de Chapecó, es la punta del iceberg para entender la trama enmarañada que teje interesadamente la perversa Confederación Sudamericana de Futbol con gobiernos y políticos que son “amigos de conveniencia” en los negocios sucios.

Los jugadores hasta donde sabemos quedan al margen de estas componendas dirigenciales y son sólo instrumentos para que esta gente inescrupulosa incrustada en la Confederación y la política criolla satisfaga sus apetitos millonarios sin importarles la vida de inocentes jugadores, generalmente de escasos recursos, que sueñan con hacerse famosos con el deporte del balompié y se embarcan en una aventura de la mano de estos gansters que en el caso del Chapecó los transportaron al mismo infierno en noviembre de 2016.

Fue la Confederación Sudamericana de Futbol, aunque ahora se haga la del otro viernes, la que viabilizó el contrato de servicios de transporte aéreo de las selecciones de fútbol sudamericanas en la empresa de aviación boliviana fantasma LaMia, de propiedad de politicos bolivianos y venezolanos, para quienes la vida de sus semejantes no vale nada, y por ello embarcaron a ciegas, sin gasolina, en un avión cacharro de LaMia a una delegación de más de 70 personas del Club Chapecó que se estrelló por falta de combustible minutos antes de aterrizar en Medellín donde el equipo brasileño debía disputar el partido final de la Copa Sudamericana. Pero el destino negro confabulado por mercenarios del deporte dirigencial y la política torcieron el rumbo de una historia que debía acabar con final feliz.

Es que la informalidad y la matufia se ha hecho carne y espíritu en el negocio del futbol y la política a nivel sudamericano y los dueños de los jugadores lucran sumas jugosas de dinero a costa de la capacidad futbolistica de estrellas ya pasadas de moda y obnubilados por las glorias del pasado de estos dioses del balompié, se quedan estúpidos sin buscar nuevas figuras eclipsantes porque los millones los dejaron anclados en el tiempo.

De esta forma, Sudamérica tuvo un papel vergonzoso en el campeonato mundial de fútbol que aún se disputa en Rusia solamente entre eueopeos, cuyos países son disciplinados y promotores del juego limpio, no de los juegos millonarios y sucios de los dirigentes y políticos como ocurre en esta parte del Continente para nuestra vergüenza. Es inconcebible que América del Sur, teniendo al hexacapeón mundial de fútbol como es Brasil, seguido de Argentina y Uruguay, todos ellos referentes claros del mejor

 

fútbol del planeta, hubiera retornado a casa con la cola entre las piernas junto con Colombia y Perú.

De Bolivia ni hablemos. Solo dos veces en su historia pudo llevar equipos a una cita mundialista y sus dirigentes y políticos son tan corruptos que ni sienten vergüenza de su incapacidad brutal para formar cuadros futboleros competitivos.

Es hora que América del Sur se sacuda la modorra y apueste por el mejor fútbol del mundo que sí sabe jugarlo, pero que no lo produce por la inoperancia absoluta de sus dirigentes y políticos que usan a los jugadores para sus negocios personales.

Cerremos filas en el desarrollo pleno de la calidad del fútbol sudamericano porque el 2022 nos merecemos levantar la copa de oro y demostrar al planeta que somos los mejores.

Elenir Centenaro.

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