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El personaje

Evo más allá de la ficción

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Evo es un personaje acostumbrado al poder, a la fama y a la pleitesía.  Lleva 12 años viviendo una vida cómoda de viajes, lujos y adulos en el país y fuera de el. Esos placeres y excesos disfrutados con la plata del pueblo han cambiado radicalmente su humildad original (si es que la tuvo) y lo han convertido en un soberbio, torpe y creído . Es demasiado difícil para él siquiera pensar, peor aún aceptar  y resignarse a la idea de que el ciudadano ya no lo quiere, que se desencantó de su figura y de su forma de gobernar. 

Como no cree esta nueva realidad sociopolítica asomada y posicionada en el escenario popular y colectivo, busca desesperadamente controlar la situación señalando con el dedo acusador a los culpables que, de acuerdo a su percepción, están mintiéndole que el pueblo ya no lo quiere.

Quiere matar a esos pájaros mensajeros agoreros con canicas o con lo que sea para que no ventilen a los cuatro vientos esas “falsas noticias”. “Mentirosos”, así les llama y los amenaza con fabricar una ley para mandarlos directo a la cárcel por lengua largas.

¿Cómo pues decir que las masas no lo quieren, justo en lo mejor de la efervescencia de su poder cuasi absoluto cuando ya tiene controlado los cuatro poderes del Estado? ¿Habrase visto semejante estupidez? Si fueran músicos de la banda policial o militar hace rato que los hubiera mandado a arrestar y cantar a otra parte, no sin antes mandarlos a escribir 500 veces que el pueblo sí lo quiere.

Pero como son periodistas la mejor manera de castigarlos es diciéndoles que son mentirosos. ¿Saben por qué? Para que pierdan la credibilidad que actualmente es el arma más poderosa de la que gozan y la que los conecta como cable a tierra con la gente hastiada, indignada y enfurecida con las bravuconadas y torpezas de un régimen prepotente, abusivo y decadente.

Convengamos en que sólo una mente fantasiosa, decrépita, y hasta insana es capaz de negar un evento histórico de semejante envergadura y alcance constitucional como es el referendo vinculante de cumplimiento obligatorio sin recurso ulterior en el que el propio ciudadano le ordena mediante mandato expreso a no postularse por cuarta vez a la Presidencia.

¿Cómo puede seguir calumniando de mentirosos a los periodistas un personaje que no reconoce semejante mandato constitucional, eregido de la voluntad popular  que está por encima de cualquier norma?

¿Cómo puede seguir en el mando del Estado un Presidente que no se somete a la Ley ni a la voluntad soberana de sus mandantes? ¿Habrase visto semejante despropósito y desfachatez?

¡Esto es el colmo de la realidad. Supera la ficción! y nos lleva a pensar que el Presidente no está apto para gobernar ni ahora ni mañana porque ha perdido la cordura y la razón. No otra cosa podemos pensar de alguien que se miente a sí mismo y cree equivocadamente que la verdad absoluta la concentra su persona y su entorno servil y complaciente.

Esta es una hora crucial para el país y su institucionalidad democrática. Estamos por ser cómplices de la ruptura de la delgada línea aún existente entre democracia y dictadura.

Si las cosas se precipitan como las está planificando el Gobierno, Bolivia caerá en picada resbaladiza  hacia un oscurantismo pantanoso sin precedentes.

Es absolutamente necesario que esa Ley de Organizaciones Políticas, sancionada y promulgada por la ventana, sea anulada de inmediato porque su espíritu es contrario a la pluralidad democrática partidista y ciudadana y está hecha a la medida de las ambiciones del Movimiento al Socialismo.

Como siempre, los periodistas están llamados a llevar luz a las tinieblas que amenazan teñir con sus sombras infernales el escenario democrático boliviano.

Ellos no son mentirosos…ellos son los mensajeros de la verdad. Y Evo, pena por él, seguirá huyendo hasta de su sombra mientras no acepte su duelo ni derrota  y no se resigne a que ya no es el poderoso ni el imprescindible de ayer.

Elenir Centenaro

 

 

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