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Ericka Salvatierra Castedo, la musa ausente de Mauricio Requena Zeballos

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Lo que el Coronavirus y la negligencia se llevó:

Ericka Salvatierra Castedo era una hermosa cruceña. Una abogada joven. Una madre dedicada. Una esposa amorosa.

Sus días eran llenos de sol, de afectos y esperanza. Tenía un futuro prometedor.

Todas esas fortalezas y virtudes acabaron en mayo pasado cuando su vida tuvo un final abrupto. De esos que nadie espera.

De un día para otro presentó alta fiebre, dolor en la garganta y las articulaciones. Los síntomas eran similares a los del Coronavirus, por eso acudió al seguro universitario y desde allí fue remitida para internación en una clínica privada.

Su esposo, el abogado y escritor Mauricio Requena Zeballos, se movilizó rápidamente para que le realicen las pruebas correspondientes con el objetivo de descartar o confirmar las sospechas.

Sabía que el tiempo apremiaba. (Quería a su esposa sana y feliz para continuar su proyecto de vida en común viendo crecer a los niños. Pero ahora la bella mariposa que arrullaba bajo la luna está ausente. Emprendió un vuelo inesperado y él está de duelo recitándole “los versos más tristes de esta noche”).

Por eso llamó varias veces al Centro Nacional de Enfermedades Tropicales (CENETROP) para conocer los resultados de las pruebas remitidas allí. Y se encontró con respuestas evasivas, insolentes y displicentes de parte de funcionarios negligentes a quienes la vida no les importa nada porque son mediocres e insensibles como los políticos a los que obedecen.

No tienen idea de cómo es trabajar bajo presión en una pandemia y evitar el colapso por la alta demanda sanitaria. Se ponen nerviosos y atrevidos. Extravían las pruebas, les cambian de nombre o sencillamente las procesan mal.

Se imaginan? Este es el principal organismo a nivel nacional para resolver los exámenes de la pandemia y de otras enfermedades infectocontagiosas con cuadros febriles.

El CENETROP, que nació de la cooperación científica belga, en 1974, se degeneró sustancialmente cuando llegó a las manos políticas bolivianas que ponen y sacan técnicos a su antojo, desnaturalizando la esencia científica de la entidad.

Mala reputación. Y mala imagen del CENETROP. Eso es lo que están logrando luego de más de 40 años de actividad en el campo de la medicina tropical infecciosa. Una vergüenza!

Mauricio Requena en lugar de obtener sosiego tras recurrir al rigor científico de ese centro solo recibió maltrato y amenazas de presuntos aprendices o charlatanes de la medicina de laboratorios.

Pasaron los días y no le entregaron los resultados de la prueba del Covid-19 aplicada a su esposa.

Al final, a la semana, cuando les dio la gana, los enviaron al centro de salud privado y para sorpresa de los médicos que venían suministrando a la paciente productos farmacéuticos específicos para el Coronavirus, los estudios dieron negativo, lo que desconcertó a los especialistas.

Y entre la paralización y el reinicio del tratamiento, el cuadro de la joven abogada de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno se complicó y vino el desenlace fatal.

Muy sueltos de cuerpo los supuestos científicos alegaron que la carga viral de la muestra tomada a la paciente era insuficiente y por eso dio negativa.

Ante la insistencia de los médicos, le sacaron una nueva muestra que llegó cuando la madre de dos hijos pequeños ya había fallecido. Esa sí dio positiva. Pero se conoció a la hora nona.

Mientras tanto, los del Servicio Departamental de Salud (SEDES) le pusieron más negligencia a esta triste historia porque nunca llegaron a la casa de la víctima para realizar las pruebas correspondientes al esposo, los niños y la mamá de Erika Salvatierra Castedo, una víctima de la negligencia del CENETROP y del SEDES.

Olvídense de que hayan pedido disculpas a la acongojada familia. Eso no existe en el vocabulario de los políticos que están en el poder de la Gobernación Departamental.

Es más, el director del SEDES, Oscar Urenda, en una de sus acostumbradas conferencias de prensa, llegó a decir que la esposa de Mauricio Requena había muerto porque tenía una enfermedad de base.

Qué justificación más ridícula si se toma en cuenta que existen sobrados casos de gente anciana en todo el mundo con más de 100 años con varias enfermedades básicas que salen sanos y contentos entre aplausos después de haber vencido el virus que nos ocupa.

La partida trágica de Erika Salvatierra Castedo ha desnudado la fragilidad del sistema de salud, la incapacidad y negligencia de sus recursos humanos especializados en medicina científica.

En el más allá, donde no hay dolor, solo un mar de risueñas estrellas celestiales, Erika se ha reunido con sus suegros y está disfrutando, como solía hacerlo aquí en la tierra, de las cautivadoras conversaciones con Gastón Requena Costas, nuestro querido jefe de todos los tiempos.

Y aquí en la tierra, su amado Mauricio le dedica cada noche el Poema Número Veinte de Pablo Neruda: “ Me gustas cuando callas porque estás como ausente…distante y dolorosa como si hubieras muerto”…

Elenir Centenaro para Eiinews.com

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