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Opinión

El Señor Presidente y su “Yo el Supremo”

Nos están robando la capacidad de pensar y de ser lo que creemos que somos. Actuamos como zombies y borregos. Asumimos como ciertas sus medias verdades y mentiras. ¿Hasta cuándo?

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El populismo es un método político aplicado en algunos países como el nuestro que todavía está encantado con su espejito mágico, mientras otros que estaban en el mismo círculo han dejado de mirarse en sus ilusos cristales zafandose milagrosamente tras sufrir desencantos del mismo.

Pero Bolivia aún está lejos de despertar del embrujo malvado. Cada día su gente es emborrachada y tiroteada con un arsenal de medias verdades que acaban siendo tragadas y digeridas como ciertas o aceptadas como tales en este proceso de distorsión de la realidad que raya en la fantasía y la locura.

Aceptamos como normal que el presidente castigue a un ciudadano, que ostenta el título de maestro y el rango de director de un colegio, tan sólo por el hecho de llamarle Señor Presidente. Evo Morales considera ofensivo que se lo llame en esos términos porque lastima su ego de “yo el supremo” (título de la obra icónica del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, que describe con pasmosa precisión al dictador Gaspar Rodriguez de Francia y otros especímenes que deambulan por los patios traseros y oscuros de América Latina).

El caudillo dicta las formas en las que quiere que se lo llamen. El libro “El Señor Presidente” de Miguel Angel Asturias, un consagrado escritor guatemalteco, es otro ejemplo que le cae como anillo al dedo al modo de actuar de “nuestro hermano Evo Morales”. Así le gusta que lo llamen y no hay que contradecirlo porque nos puede mandar a escribir en un cuaderno cualquier trisílabo u oración  inimaginables como le hizo al humilde profesor.

Lo dramático y preocupante es que aceptamos como normal todas las ocurrencias del caudillo populista y hasta hacemos bromas y memes con sus dimes y diretes.

Seguimos adormecidos en el tiempo populista soportando la andanada de mentiras y medias verdades que nos venden. Nos alimentamos y nos emborrachamos con ellas. Y en el fondo hasta creemos que es un derecho humano del hermano presidente repostularse indefinidamente porque es la encarnación del líder perfecto y nosotros, despojados de cualquier derecho humano, no nos merecemos semejante privilegio.

Hay un dicho que señala que el ser humano se acostumbra a todo, a la soledad, a la indeferencia, al dolor, a la mentira y al mal trato. Nosotros somos ese ser humano.

Sólo nos falta aplaudir cada que nuestro amo nos pisotea, nos humilla y nos hace creer que el 21 de Febrero ganó la mentira y hasta nos sentimos mal y arrepentidos de haberle fallado votado en contra suya.

Nos parece normal, justo y necesario que se haya construido un elegante palacio de cristal de estilo moderno imperial, y estamos convencidos en nuestro imaginario que tan solo es una una simple casa rústica como se nos adoctrina cada día que repitamos tal cual zombis, borregos y alienados.

El caudillo populista hace las cosas mas aberrantes y nos hace creer que son las mas correctas. Por ejemplo, nos dice que se va a esconder el sol y la luna cuando estos brillan en todo su esplendor, pero nosotros creemos que se apagaron. Estamos fritos, nos están robando la capacidad de ser y pensar, nos mienten que ya no somos y les creemos. Esto es peligroso. ¿Hasta cuándo?

Elenir Centenaro.

 

 

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